Lo que me repito me habita: cuando las voces del pasado dirigen mi presente
¿Alguna vez has escuchado dentro de ti una voz que dice lo que “deberías” hacer, ser o sentir?
A veces creemos que esas frases son nuestras, pero si las observamos con atención, descubrimos que son ecos de alguien más. Voces que se quedaron habitando en nosotros y que, sin darnos cuenta, siguen decidiendo cómo vivimos.
En este artículo, inspirado en mi podcast Lo que me repito me habita, te invito a reflexionar:
si lo que me habita es un eco de alguien, ¿quién está viviendo mi vida?
Cuando me repito, me pierdo
Muchos de los pensamientos automáticos que nos acompañan no nacieron de nuestra experiencia. Son frases que alguna vez escuchamos y adoptamos sin digerirlas:
“No te quejes.”
“Tienes que ser fuerte.”
“No puedes fallar.”
En Gestalt, esto se llama introyección: la tendencia a tragar sin cuestionar ideas, creencias o normas ajenas.
Miriam Muñoz Polit la describe como “la aceptación automática de lo que proviene del entorno, sin haberlo pasado por el filtro de la propia experiencia”.
Estas voces nos moldearon en algún momento para adaptarnos, para ser aceptados o queridos. Pero cuando seguimos obedeciéndolas sin conciencia, nos alejamos de nuestra autenticidad.
¿De quién es esa voz?
Fritz Perls escribió que “el darse cuenta es el proceso de distinguir lo que es propio de lo que no lo es” (Gestalt Therapy, 1951).
Cuando repito sin cuestionar lo que aprendí de otros, dejo de habitar mi vida y comienzo a representar un papel que no me pertenece.
A veces el tono interno con el que nos hablamos —el crítico, el exigente, el que duda— es el mismo que escuchamos de una figura significativa en la infancia.
Y aunque esa voz ya no está afuera, sigue actuando dentro de nosotros, interrumpiendo nuestra espontaneidad y nuestra capacidad de elegir libremente.
Reconocer el eco para reencontrarme
En la terapia gestáltica, recuperar la autenticidad no significa rechazar el pasado, sino asimilarlo conscientemente.
Cuando reconozco una frase interna y la observo sin juzgar, empiezo a distinguir si esa voz me pertenece o no.
Si descubro que no, puedo agradecerle su función en mi historia… y elegir una nueva manera de hablarme.
Ejemplo:
“Tengo que hacerlo perfecto.”
se transforma en
“Puedo hacerlo con lo mejor de mí, sin exigirme más de lo necesario.”
Ejercicio de autoobservación
Escribe tres frases que te repitas con frecuencia.
Junto a cada una, anota de quién crees que proviene.
Pregúntate: ¿Esta voz me representa hoy?
Elige una nueva frase que refleje tu verdad actual.
Léela en voz alta, despacio, y observa cómo resuena en tu cuerpo:
¿Qué sensación aparece?
¿Hay alivio, tensión, calidez, resistencia?
Quédate unos segundos respirando con esa nueva voz interior.
Permite que esa sensación se asiente.
Pregúntate: ¿Cómo sería vivir desde aquí, desde esta nueva frase?
Solo con reconocer, reformular y sentir la diferencia, comienzas a recuperar un pedacito de tu libertad interior.
Cuando me repito sin conciencia, dejo que mi historia decida por mí.
Pero cuando me doy cuenta de quién habla dentro de mí, empiezo a habitarme desde mi autenticidad.
Y ese es el verdadero inicio del cambio.
✨ Este artículo se inspira en mi podcast El poder de darse cuenta, episodio “Lo que me repito me habita”.
🎧 Puedes escucharlo completo aquí:
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