Cuando culpas al otro, ¿a quién estás mirando realmente?
Últimamente escuchamos con frecuencia frases como “todo lo que ves afuera está dentro de ti” o “si algo te molesta, es porque también está en ti.” Pero ¿es realmente así? ¿De verdad todo lo que me molesta, me inspira o me duele en el otro me pertenece?
Desde la mirada Gestáltica, esta idea merece una pausa. No para negarla, sino para comprenderla en profundidad.
Porque no todo lo que vemos afuera es un reflejo exacto de nosotros mismos; a veces, es una forma de relacionarnos sin darnos cuenta de lo que proyectamos.
La proyección: un modo de relación natural
Miriam Muñoz-Polit, en su libro Ocho Formas de Relación, describe la proyección como un modo natural de contacto entre el yo y el entorno.
Proyectar no es, en sí, algo negativo. Es una función creativa de la mente que nos permite imaginar, anticipar y empatizar.
Gracias a ella podemos ponernos en el lugar del otro, comprender emociones ajenas e incluso visualizar escenarios posibles.
Desde este lugar, la proyección es funcional, porque amplía nuestra conciencia y facilita la conexión.
El problema aparece cuando dejamos de reconocer lo que es nuestro y lo colocamos afuera, creyendo que solo existe en los demás.
Ahí la proyección se vuelve disfuncional: una forma sutil de interrumpir el contacto con la realidad y con nosotros mismos.
🔍 Cuando la proyección interrumpe el contacto
En su aspecto disfuncional, la proyección nos aleja de la autenticidad.
Muñoz-Polit señala tres formas comunes en las que esto ocurre:
Atribuir al otro lo que no acepto en mí.
Ejemplo: “me irrita su arrogancia”, sin reconocer mi propio orgullo.Interpretar la realidad desde mis filtros.
Creo que alguien está molesto conmigo solo porque está callado, cuando en realidad puede estar cansado o distraído.Desresponsabilizarme de mis emociones.
Digo “tú me haces sentir mal”, en lugar de reconocer “me siento mal cuando haces eso.”
Cuando esto ocurre, dejamos de ver al otro como es y comenzamos a ver una versión creada por nuestra mente: una mezcla de recuerdos, miedos y partes de nosotros no reconocidas.
💭 Cómo se siente una proyección
Una señal clara de que estamos proyectando es la certeza emocional intensa: esa sensación de que “sé exactamente quién es el otro” o “no hay duda de lo que hizo.”
Esa rigidez y carga afectiva indican que estoy viendo mi propio reflejo. No estoy percibiendo al otro, sino interpretando desde mis heridas, deseos o inseguridades.
🪞 Ejemplos de proyección en la vida cotidiana
En la pareja: pienso que mi compañero no me escucha, pero muchas veces soy yo quien se desconecta.
En el trabajo: me quejo de que mi jefe no me valora, cuando en realidad soy yo quien no reconoce su propio esfuerzo.
En las amistades: me molesta el desorden de alguien, pero ignoro mi propio caos interno.
En la idealización: admiro tanto a alguien que olvido que esa cualidad también vive en mí.
Tanto el rechazo como la idealización son formas de proyección. En ambos casos, coloco afuera algo que no reconozco dentro.
Del juicio a la conciencia: un ejercicio sencillo
La proyección no es un error, sino una oportunidad. Si quieres comenzar a reconocerla, puedes probar este ejercicio:
Piensa en una persona que te haya incomodado últimamente.
Escribe exactamente qué te molestó o qué juzgaste de ella.
Cambia el nombre por el tuyo:
“Ella es muy controladora” → “Yo soy muy controladora.”
Pregúntate: ¿en qué área de mi vida esto también se manifiesta?
No se trata de culparte, sino de mirarte con honestidad.
Cada vez que haces este ejercicio, recuperas una parte de ti que habías dejado afuera.
✨ El poder de reconocer lo que proyectas
Cuando dejas de culpar al otro y comienzas a observarte, algo se acomoda dentro.
Ya no necesitas defenderte tanto del mundo, porque entiendes que lo que ves también te pertenece, al menos en parte.
La proyección deja de ser una barrera y se convierte en un espejo que ilumina. Y en ese reflejo, si te atreves a mirarlo con ternura, puedes encontrar fragmentos olvidados de tu autenticidad.
🎥 Para seguir integrando…
Si este tema te resonó, te invito a disfrutar el episodio completo de El Poder de Darse Cuenta, donde comparto esta reflexión desde una mirada más cercana, natural y vivencial.
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Será un gusto acompañarte en tu propio proceso de darte cuenta, con el respeto, la sensibilidad y la presencia que caracteriza mi trabajo como orientadora humanista y facilitadora Gestáltica.