Elejirme a mí misma cuando decir NO también es amor

A veces creemos que el amor nos duele.
Pero con el tiempo descubrimos que lo que realmente duele es no habernos elegido.

Cuántas veces callamos por no incomodar, cedemos por miedo a perder, o sonreímos cuando por dentro estamos rompiéndonos. 

Y lo hacemos creyendo que eso es amor, que amar es soportar, comprenderlo todo, entregar incluso lo que ya no tenemos.

Elejirme a mí misma cuando decir NO también es amor

Pero no.
El amor no exige sacrificios que nos desgastan.
El verdadero amor, el que sana, no pide que te abandones a ti misma para conservar a alguien más.

Recuerdo el momento exacto en que me di cuenta. Fue como si algo dentro de mí hiciera un clic silencioso. Me escuché decir:
“No fue el amor lo que me dolió.”
Y esa frase cambió mi manera de mirar la vida.

Lo que me dolía no era el amor, sino haberme olvidado de mí, haber guardado mis palabras para no perder a otro, haber silenciado mi intuición tantas veces solo para no parecer “difícil”.

Decir no fue mi primer acto de amor propio.
No al miedo.
No a la culpa.
No a la costumbre de conformarme.
Y aunque mi voz tembló, también sentí alivio. Por primera vez, algo en mí descansó.

Aprendí que poner límites no me separa de los demás; me acerca a una versión más honesta de mí misma.

Y entendí que cuando digo no a lo que me hace daño, le estoy diciendo a mi bienestar, a mi dignidad, a mi paz interior.

Desde entonces miro diferente a las personas. Ya no busco entender por qué hacen daño, porque sé que sus actos hablan de su historia, no de la mía. Eso me libera. Ya no cargo culpas que no me corresponden.

Y también comprendí que amarme no significa cerrarme al mundo, sino abrirme desde otro lugar: desde el respeto, desde la coherencia, desde la certeza de que no puedo cuidar a otros si antes no aprendo a cuidarme a mí.

El día que elegí amarme, no fue fácil.
No hubo aplausos ni alivio inmediato.
Hubo lágrimas, silencio y un profundo sentido de verdad.

Pero con el tiempo, ese “no” se convirtió en espacio, y en ese espacio floreció la calma. Hoy puedo decirlo con gratitud: no fue el amor lo que me dolió, fue haberme negado tantas veces.

Y ahora que lo sé, ya no necesito elegir entre amar y amarme, porque ambos caminan juntos. 

Antes de pensar en los demás, pienso en mí. Y desde ese amor que me tengo, puedo ofrecer algo verdadero. 

El amor propio y el altruismo no se oponen; se encuentran justo aquí, en este instante en que elijo cuidarme y compartir lo que soy.

Este artículo está inspirado en un momento muy real de mi proceso personal. Si deseas escuchar la experiencia completa, te invito a ver el video “No fue el amor lo que me dolió”,  donde comparto, desde mi voz y mi sentir, cómo nació este darse cuenta.

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